- Alejandro Magno Murió, Pero Su Recuerdo Me Invade En Febrero -


Si, es fácil sorprenderme con una palabra, es fácil perder la calma y volver a ese pasado oscuro que hace pocos días pretendí dejar atrás. A veces mientras planeo muchas cosas para mi futuro, regreso a estancarme en el mismo lugar de siempre, la misma amarga idea que me lleva a tomar determinaciones erróneas y que me mantiene pensando en lo que debo hacer o en lo que me gustaría decir en determinada situación imaginaría.

Mientras los días pasan muy lento y las horas me torturan segundo tras segundo, trato de buscar una posible solución a todo esto que ronda mi cabeza y que me lleva a refugiarme en tantos malos hábitos. Como de costumbre ilusiono a alguien, y para colmo de males, termino rompiendo su corazón por volver a pensar en quien no debo.

Simplemente podría decir sin duda alguna que por más que he tratado de continuar con mi vida en todo el sentido de la palabra, me ha sido difícil superar una relación que ya terminó, una relación que solo deja un sin sabor en los labios y que por ahora se ha convertido en la sombra más grande y prolongada que he tenido que sentir en mi existencia humana, en mi condición trato de lanzarme al vacio y caer en los brazos de alguien que verdaderamente valga la pena pero a pesar de mi búsqueda incesante, de mis largas esperas a través del tiempo, a pesar de tantas sonrisas, de tantos intentos y de tantos momentos en los que sentí que por fin estaría bien, pero que para mi desgracia, solo serían momentos en los que la depresión y el recuerdo tan claro que aún tengo de su voz, regresan para atormentarme y llenar mis oídos de odiosas palabras que una vez me dijo cuando fui yo a bajar la cabeza y a denigrar mi integridad, simplemente su forma de decir NO es lo que aún no he podido eliminar de mi memoria. A pesar de todo lo enunciado anteriormente, a pesar de muchas otras cosas que se me ocurren en este momento, a pesar de tantos pesares, de tantas noches de melancolía, de agonía absoluta y de tanta tristeza expresada en letras, sigo pensando en que por más que intente en estos momentos dejar en el olvido sus ojos, su forma de besar, su forma de acariciarme y su forma de demostrarme ese amor que me tenía, seguiré perdido por su mirada y por su crueldad, por su cambio de estatus sentimental tan pronto y verlo a los pocos días enamorado, amando a alguien más que de la nada apareció, en tan solo siete putos días, en tan solo una maldita semana, a tan solo quizá unas pocas horas de haberme casi arrodillado pidiendo, implorando, rogando prácticamente su perdón.

Estaba tan dispuesto a hacer hasta lo imposible por ese amor. Estaba tan abierto a cambiar muchas de mis costumbres personales, muchos de mis ritos dominicales, por ese odioso y tonto amor que él me ofrecía.

A dos meses casi de su partida, a dos meses de su estable relación, a dos meses de mi reencuentro con la desolación, aún pienso en que hubiera sido si de repente todo hubiera sido de otra forma, que mis palabras no hubieran herido su ego y su amor hubiera sido sincero. ¿Qué hubiera sucedido en todo este tiempo? ¿Estaríamos aún juntos, amándonos como es conocido? ¿Estaríamos compartiendo un mundo fabuloso, un amor verdadero, un ‘te quiero’ real? 

Quizá es bastante pretencioso empezar a soltar posibilidades, hipótesis, o soluciones a estas incógnitas planteadas. Quizá ni debería fijarme en ese tipo de planteamientos, en todos aquellos interrogantes que rondan mi cabeza día y noche y que no me dejen conciliar el sueño cuando es hora de dormir. El insomnio es ahora la maldición que cargo a cuestas de tanto pensar en todo aquello que no debo, en todo aquello que me hace daño y que me transporta a una época de mi vida en la que por primera vez me veía envuelto en una relación verdadera, en una relación en la que existía reciprocidad, en un todo supremo que recién empezaba a descubrir, a definir y a moldear. La felicidad que siempre quise encontrar pero que deje ir por culpa de una bobada, un error  estúpido, un miedo enorme de perderlo todo, y un caos emocional que solo a mí se me ocurre manejar.

Ahora bien, sería prudente para mí aclarar todo tal y como fue, solo para que cuando relea estas palabras, me sienta tan mal, pero al mismo tiempo, vea todo aquello que una vez hice, para perder a un buen hombre en tan poco tiempo.

Al principio todo fueron casualidades. Si, casualidades. Una charla casual de manera virtual. Abrirle mi vida para que me conociera de a poco. Su vida tampoco fue secreta para mí, pues poco a poco comprendí que manejábamos ciertas similitudes, quizá por el entorno, quizá por nuestra manera de pensar o simplemente coincidencias sociales en las que nos veíamos envueltos. Con el pasar de los días, su presencia se hacía un poco más fuerte y aprendíamos uno del otro, alternando nuestras conversaciones sobre nuestro pasado doloroso y triste, con música, cine y otros temas que iban y venían esporádicamente entre nosotros.

Solo bastó una simple canción en común, que con mucho cariño le dediqué y es aquí donde Magnus se lleva el crédito todo, pues muy a pesar de yo haber tomado la iniciativa y de acercarlo un poco más a mi vida, él fue quien interpretó la canción, quien saco las conclusiones, y quien se armo de valor para empezar a hablar virtualmente de una relación sentimental en el plano virtual de nuestra existencia. No puedo decir que no me sonrojé. Por supuesto que así fue.

Sin embargo dude un poco. Escasamente lo conocía y jamás había entablado una conversación de esa forma con los anteriores personajes que hicieron parte de mi vida ‘amorosa’ por decirlo así. Debo decir que lo pensé pero aún así, no deje de seguirle la corriente a ese hombre misteriosamente interesante y atrayente, el tipo de hombre en el que jamás me fije, pero que significaría una buena experiencia para mí.

Dos días pasaron después de todas estas conversaciones directas y de cumplidos por lado y lado. Ese fin de semana, se llevó a cabo el tan anhelado y anticipado encuentro.

Nos pusimos cita en un lugar muy conocido por la comunidad, un lugar central para ambas partes, un lugar en el que podríamos hallar un refugio para poder hablar claramente sin tapujos, y con la seguridad de no sentirnos juzgados o señalados, sino por el contrario, protegidos y en un ambiente casi que natural.
Llegó un poco tarde, su trabajo queda inmensamente lejos del lugar de encuentro y esto le dificultó que llegara tarde, pero a mí y a mi comprensión enorme no nos importó.

Al verlo sentía como si fuera la primera vez que conocía a alguien, como si mi timidez se hubiera agudizado y como si todos los poros de mi cuerpo se erizaran de la emoción. Su sonrisa rompió el hielo y así como con un abrazo, la confianza se fue dando.

Caminamos hacia nuestro lugar de destino, y mientras llegábamos, hablábamos de todo un poco, y reíamos de todo un poco. Llegamos y pedimos dos cervezas, misma marca para los dos, y nos pusimos cómodos a los pocos minutos. La música era estridente y las personas que compartían el lugar con nosotros eran desconocidas. Nadie que me viera ese día, o que lo reconociera a él. Éramos afortunados de tener en medio de todo, un momento ‘privado’.

Hablábamos de todo lo que habíamos conversado y planteado días antes del encuentro, y mientras lo hacíamos, empezó a sonar nuestra canción, la que yo con mucho cariño le dediqué, y que ahora indiscutiblemente me acuerda de su sonrisa y de su voz. Quedamos ambos fijamente observando los monitores que rodeaban el lugar. Nuestra mirada fija en cada movimiento, en cada ángulo y en cada milímetro de aquellas pantallas, mientras entonábamos alegres la canción que nos hizo conocernos. ¿Acaso era simplemente una señal de que esto si sería un mal romance? Sin respuesta a este interrogante.

La canción terminó, él tomó mi mano, se acercó lentamente mientras me miraba dulcemente con sus hermosos ojos azules, en los que empecé a perderme, a pesar de haber renegado en contra de ellos antes de empezar esta relación.

Su aliento penetró mis labios. Su boca frotaba la mía y el sabor dulce me estremecía por dentro. Sus manos rozaron mi hombro y su legua poco a poco, tímidamente, fue guiando a la mía en un apasionante pero apacible beso. Nos detuvimos y abrimos los ojos, simplemente viéndolo a los ojos me di cuenta que sonreía y que tomaba mi mano con fuerza.

Desde ahí. Desde ese preciso momento todo empezó. Mi corazón latiendo fuertemente, mis manos sudando, mi cuerpo temblando y mi boca deseando otro beso. ¿Qué somos tú y yo? Me preguntó. ¿Amigos? Conteste yo, para no tener que responder a ese interrogante.

‘Los amigos no se besan, así que no podemos ser amigos’ contestó. Con una sonrisa prosiguió su teoría: ‘no somos maridos porque no nos hemos casado y novios no somos aún porque ninguno de los dos ha hecho la pregunta’.
Simplemente sonreí y le di la razón en lo que decía.

Acordamos preguntarnos mutuamente, pues ninguno había escuchado esa pregunta anteriormente. El primer turno fue el mío. Respiré profundo, suspiré y me arme de valor para poder pronunciar algunas palabras. Para mi sorpresa, respondió afirmativamente y me agarro fuerte la mano. Su mirada se conectó con la mía. Sus cinco sentidos se entrelazaron con los míos y él tomó todo el control de la situación. Sin rodeos me miraba y me preguntaba con toda la seguridad del mundo. Simplemente sonreí alegremente y le dije ‘si’, para posteriormente lanzarme a sus brazos y luego darle un beso.

Después de ese momento maravilloso, hasta el último día en el que hablamos, nuestra relación fue hermosa, nuestros sueños continuaron fuertes y nuestros deseos se fueron cumpliendo poco a poco. Él simbolizará en mí, la única y primera vez que hago el amor sin pensar en que al otro día esa persona ya no estaría. Es la primera vez que tengo un hermoso encuentro piel a piel, rodeado de puro amor y complicidad, de vergüenza ingenua y de mucha confianza. Estar abrazado a su regazo, estar atado a sus labios, estar en sus brazos y sentir sus manos recorrer mi cuerpo. Es algo inolvidable.

Después del ‘NO’ que yo le di, abrí los ojos y supe que había cometido un error imperdonable, y que lo pagaría con sangre y lágrimas. No literalmente.

Al parecer no estoy equivocado. Una semana después de yo haberlo arruinado todo por culpa de mis errores y de mis inseguridades y temores, fui a rogarle perdón, a pedirle una segunda oportunidad y fue su momento para decirme la verdad: ‘NO, Andrés, me hubieras buscado unos días antes, hasta lo hubiera pensado y hubiéramos empezado todo desde cero, pero ya replanteé las cosas y sencillamente NO’.

Mi corazón se destrozó por completo, mis sueños se disiparon y mis anhelos me seguían repitiendo por dentro ‘es tu culpa, solo tu culpa’

Mi voz se desmoronó y mis ojos empezaron a lagrimear, pero saqué la fuerza de donde no la tenía y simplemente le dije que no había problema que entendía y respetaba su decisión, y que aunque me doliera en el alma dejarlo, seguiría mi camino sin pensar en él. Le di la mano y crucé la calle, y camine hacia mi destino de tristeza sin mirar atrás.

Desde ese entonces he tenido una lucha constante para poder dejarlo ir. Lo mate profundamente pero aún no le he podido dar un sepelio digno para que su memoria ya no me atormente y de veras pueda darme una oportunidad de seguir adelante y rehacer todo aquello que se murió con él. De iniciar una nueva vida sin su nombre tatuado en mi corazón y en mis ojos. Sin su voz retumbando en  mis oídos y su sabor recorriendo las pupilas de mi boca.

¿Qué debo hacer? ¿Cómo deshacerme de Alejandro Magno? ¿Cómo matar esa ilusión, ese beso y dejarle libre?

Febrero trece, nueve y diecinueve de la noche, no llueve pero debería. Hoy él vuelve a esta vida, hoy su recuerdo se apodera de mi devoción nuevamente y sin embargo, no encuentro soluciones posibles para dejarle ir. ¿Qué quieres de mí? ¿Qué fue lo que no te di?

Por favor déjame descansar hoy, mañana y siempre. No me recuerdes, y ya libérame de tu recuerdo. No quiero seguir luchando para perder la batalla contra un fantasma de un pasado que alguna vez me trajo alegría pero que hoy en día solo señala mi mayor decepción.

About Myself

Haciendo de a poco... creando un universo para mí. Escapando de ciertos recuerdos dolorosos y dando en letras lo mejor de mí.