- La Mujer Que Le Amaba -


Tal como recordaba, llegué a la esquina en la que solíamos encontrarnos unos meses atrás. Llegué temprano. Miraba el reloj y desesperaba mientras aguardaba. Ya casi era hora y ella aún no llegaba. 

Recuerdo haber atendido a su llamada hace una semana. Parecía desesperada un poco, pero tenía además un tono de felicidad en su voz. No quise indagar para no adelantar lo que tenía que contarme. Aún así, quise verle y 'echar lavadero' como de costumbre decíamos. Mientras la esperaba en esa concurrida esquina, tuve indiscutiblemente que preguntarme, sobre la razón por la que ella me habría buscado ahora. Sin más que hacer, empecé a recordar nuestra historia. 

Cumplía quince años. Se veía como una mujer muy hermosa, a pesar de tener tan corta edad. Yo con un año más que ella, vivía en la sombra de mis propias decisiones por tomar. Llegué a su fiesta por casualidad. Una amiga del colegio me invitaba por primera vez a su casa y justamente para celebrar su cumpleaños y el de su mejor amiga, Mariana.

Mariana intentó en muchas ocasiones acercarse a mí para que bailáramos, pero, quizá por mi timidez de aquella época, solo terminé despreciándola en su propia fiesta. Mariana dejo de insistir. 

Después de aquella celebración, le pedí a mi amiga que me diera su número para llamarla y pedirle disculpas por lo grosero que había sido. La cité para ir a comer helado, como una manera de enmendar mi mal comportamiento, y de paso, poder conocerla un poco mejor, en un contexto en el que solo estuviéramos ella y yo.

Nos besamos un par de veces y dejamos todo en buenas relaciones.

Volví de ese recuerdo repentinamente y miré el reloj. Habían pasado tan solo tres minutos. 

Un nuevo recuerdo llegó a mi mente. Esta vez me trasladé a cuando todo había pasado. Habíamos decidido ser buenos amigos después de lo acontecido, pues aún eramos muy niños para estar involucrados en una relación. Al menos esa fue la excusa que en ese entonces le di, y que ella creyó sin titubear.

A pesar de que todo quedó muy bien, pasaron dos años en los que no mucho aconteció. Hablábamos de vez en cuando y nuestras llamadas se limitaban a tres minutos de conversación. 

Quise tenerla conmigo, a pesar que en los últimos días, todas mis dudas ya se habían disipado. Me sentía condenado a la duda y solo ella podía ayudarme, según llegué a creer. Vivía una etapa de negación normal. La llamé a su casa y mi llamada la sorprendía. Eran aproximadamente las once de la noche, y jamás había intentado hablar con ella a esa hora.

Hablábamos de todo un poco; de la universidad y de la soledad, de su novio y de la rutina diaria de cada uno. Recuerdo que en un arranque de locura, le pedí que dejara a su novio y que se quedara conmigo; ella quedó en silencio por varios minutos, pero accedió a hacerlo por mí. 

-Te amo - me dijo
-Yo a ti - respondí, a pesar que sabía que no era así.

Teníamos una relación, una relación que vivía evitando.

Volví de nuevo a la realidad. Caminé un poco, intentando buscarla con la mirada, pero no había rastro de ella aún. El reloj me decía que solo cinco minutos más habían pasado. Me senté en la acera a pensar en el desenlace.

Me trasladé al momento más representativo de ella en mi vida, cuando decidí contarle la verdad. La llamé, y como siempre respondía cuando yo le llamaba, sus palabras fueron dulces y se sentía su alegría de escucharme. Ella quería hablarme de todo e invitarme a salir por la cercanía de mi cumpleaños según el calendario. Dejé que hablara un poco e interrumpí su discurso.

-Soy Gay- le dije

Ella carcajeó espontáneamente, pensando que era una de las bromas que yo acostumbraba a hacerle.

-Soy gay- repliqué
-es... en serio?- preguntó sorprendida
-no me hagas decírtelo nuevamente- le respondí

El silencio se apoderó de la conversación. Podía escuchar de fondo algunos solloces y no pude decirle nada. Ella colgó sin decir nada que me pudiera aclarar lo que estaba pensando. Su silencio dijo más de lo que yo esperaba oír. No quise presionarla.

Hace una semana llamó, luego de todo este incidente; habían pasado ya varias semanas en las que no sabía nada de ella. Se me hizo extraño que siendo ella la que quería verme, pasaran veinticinco minutos y ella me haya dejado plantado. Ella siempre fue puntual, por lo que pude deducir el mensaje a través de lo que hacía. Encendí un cigarrillo y abroché mi chaqueta. Decidí que era hora de caminar hacia la avenida y dirigirme a mi casa. Tomé el bus y me senté junto a la ventana.

Todo se hacía claro para mí. Ella jamás volvería y yo jamás cambiaría. Era el orden de las cosas. Todo lo que recuerdo de ella es su sonrisa, que siempre estaba llena de energía y belleza. Se fue sin despedirse y su amor lo perdí justamente cuando decidí aceptar y vivir mi destino. 

Ella no está... ahora esta vida debo continuar. 

About Myself

Haciendo de a poco... creando un universo para mí. Escapando de ciertos recuerdos dolorosos y dando en letras lo mejor de mí.